Me habían dicho que su casa era un avión comercial, ni muy grande para suponer de una aerolínea importante, ni tan pequeño como los en desuso aquí en el Club que él fundara. Me convencí que era cierto la vez que hice mi primer vuelo en solitario y viré por esos lados arriesgando una sanción. Contaban que en una mala maniobra de pilotaje, tras una inusual masa de aire caliente debida a un incendio forestal que hacía noticia, pero que pasó a segundo plano tras el desastre aéreo, el destino quizo que el gringo Müller se quedara por siempre a
(Leer más)Capítulo Uno
Artemio Gutiérrez hacía su lectura matinal sentado en la más expuesta y soleada de las tres bancas del antejardín de la añosa y amarillenta iglesia. Hizo un descanso, respiró hondo, disfrutó los ya cálidos rayos y confrontó su vida con aquel versículo “Conozco tus obras, tus trabajos, tu paciencia, y que no puedes tolerar a los malos, y que has probado a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los hallaste mentirosos,...”
A su izquierda sintió un chirrido de ejes, buscó el origen en la bifurcación en Y que principiaba el cerro. Por la rama
(Leer más)Nada nuevo tengo que enseñar al mundo. La verdad y la no violencia se remontan a la noche de los tiempos.
Gandhi
Imposible ser indiferente al verdor de las plantaciones, que desde arriba lucían un millar de tonalidades esclarecidas al mirar hacia las pequeñas colinas que dibujaban el horizonte por donde, no hace mucho rato, el Dios Sol amenazaba con asomarse como cada mañana, como desde siempre. Giró la cabeza hacia el otro extremo, tratando de no ser descubierto por su padre, la oscuridad dominaba hasta llegar a confundirse en las profundidades con la noche. Los sonidos del amanecer, la
(Leer más)Tras el anciano y aletargado sonsonete del juez anunciando la sentencia; “...condenado al pago de una multa de tres millones de pesos”, don Sebastián Urizar, ilustre ciudadano ñuñoíno, alguna vez el candidato a diputado más progresista del distrito, al parecer de viejos electores entre los que cuento a mi abuelo, y también socio fundador de la Corporación pro Ayuda de los Discapacitados, CORPADIS, acomodó su envergadura a la pequeña silla y desde ese momento reservaría sus pensamientos para recordar el día en que se involucró con los vendedores minusválidos del pasaje Bicentenario y el asunto de la colecta para la
El islote de rocas lunares de una playa olvidada por la civilización que no gusta de la arena negra, cierta vez, cuando los árboles se desnudan, lucía en su cima una sirena. Tenía la marina criatura obscura y larga cabellera, y además un tranquilo mirar comprometido color esperanza. El catalejo del viejo marinero no pudo obviar su minúscula, pero invasiva presencia en la letanía y en el desamparo de su barco encallado en esas soledades.
Ella no necesitó más artilugios que actuar con la naturalidad que le era propia, mas sin ingenuidad, de la cual era ignorante; engalanar en algo
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