Me habían dicho que su casa era un avión comercial, ni muy grande para suponer de una aerolínea importante, ni tan pequeño como los en desuso aquí en el Club que él fundara. Me convencí que era cierto la vez que hice mi primer vuelo en solitario y viré por esos lados arriesgando una sanción. Contaban que en una mala maniobra de pilotaje, tras una inusual masa de aire caliente debida a un incendio forestal que hacía noticia, pero que pasó a segundo plano tras el desastre aéreo, el destino quizo que el gringo Müller se quedara por siempre a
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